Frankenstein, Mary Shelley
Espantos de agosto, Gabriel García Márquez
En este caso, el autor del relato protagonista de esta entrada, es de sobra conocido por todos, de hecho es universalmente conocido. No obstante, voy a mantener mi costumbre de mostrar unos breves apuntes biográficos antes de comentar el relato.
Gabriel García Márquez (Aracataca, Colombia, 1917 - México D.F., 2014) fue un escritor y periodista, reconocido principalmente por sus novelas y cuentos, aunque también escribió narrativa de no ficción, reportajes y críticas cinematográficas. En 1982 recibió el Premio Nobel de Literatura.
Junto a Julio Cortázar, Mario Vargas Llosa y Carlos Fuentes, fue uno de los exponentes centrales del denominado boom latinoamericano. También está considerado como uno de los autores más representativos del realismo mágico, siendo su obra más conocida, la novela "Cien años de soledad", una de las más importantes de esa corriente literaria.
Entre sus influencias literarias podemos destacar los autores que comenzó a leer en su juventud, como Ernest Hemingway, James Joyce, Virginia Woolf y, especialmente, William Faulkner. La influencia de este último fue reconocida, explícitamente, por él mismo en su discurso de recepción del Premio Nobel, cuando mencionó "mi maestro William Faulkner".
La dedicatoria
Reto de microteatro, correspondiente a este mes de junio, propuesto por nuestra compañera Merche Soriano en su blog "Literature and Fantasy".
En esta ocasión, sigue habiendo que realizar un relato no muy extenso en formato de teatro, no como una narración o relato, el tema a escoger es totalmente libre. La única premisa que nos presenta Merche es que nosotros mismos seamos uno de los protagonistas, pudiendo desempeñar el papel que se nos ocurra.
A continuación os dejo con mi participación..."La Dedicatoria".
El auge de la bosta de vaca, Damon Knight
Damon Knight (19 de septiembre de 1922, Baker, Estados Unidos - 15 de abril de 2002, Eugene, Estados Unidos) fue un escritor, editor y crítico de ciencia ficción.
Publicó su primera historia en 1941 en el marco de revistas y magazines. Destacó en el relato corto, siendo uno de sus relatos más conocidos "Servir al hombre".
Preocupado por profesionalizar el género fundó, en 1965, la SFWA, Asociación de escritores de ciencia ficción y fantasía de Estados Unidos, de la que fue presidente durante dos años.
Entre otros galardones posee un premio Hugo y fue elegido Gran Maestro en 1994. En el año 2002, tras su muerte, la SFWA decidió renombrar en su honor el premio Gran Maestro, que en la actualidad se denomina Gran Maestro Damon Knight Memorial.
Se le puede considerar, sin duda, una de las personas que contribuyeron a la creación de la ciencia ficción moderna.
El viejo zapatero
EL
VIEJO ZAPATERO
El anciano se encuentra detrás
del mostrador de su vieja zapatería, vieja porque lleva haciendo lo mismo los
últimos cuarenta años de su vida.
El establecimiento ocupa un
trocito de uno de los laterales de Time Square, entre Broadway y la Séptima
Avenida, en la ciudad de Nueva York. Podríamos considerar que se trata de un
pequeño comercio de barrio que ofrece una doble opinión entre las personas que
pudieran fijarse en él. Por un lado, desentona entre la modernidad que había
adquirido la zona en las última décadas y el aluvión de tiendas de última
generación de las más variadas y sofisticadas franquicias. Por otro lado,
aporta un toque pintoresco al conjunto de la zona, se podría pensar, incluso,
que su aspecto de comercio de mediados del siglo pasado pudiera ser resultado
de modernas ideas decorativas buscando un aspecto “vintage”.
El señor Robson no tiene mucho
trabajo. La gente ya no arregla los zapatos, si tienen necesidad compran unos
nuevos. Si incluso hay gente, sobre todo mujeres, que coleccionan zapatos…
¡cómo han cambiado los tiempos!
Además, la tiendecita está
situada en una zona en la que no predomina la proliferación de familias. La
mayoría de edificios de las manzanas adyacentes están dedicados a oficinas,
despachos profesionales y bufetes de abogados.
Pero al anciano no parece
importarle. Pasa la jornada manteniendo limpia la tienda, ordenando los
productos de las estanterías y los expositores, y leyendo novelas. Siempre tiene
un libro entre manos, es un lector voraz, por fortuna todavía goza de una vista
excelente.
Entre las pocas visitas que
recibe la tienda hay una que se produce con una cierta regularidad. Cada quince
días, una vez al mes, cada dos meses, depende. Normalmente son hombres, en
ocasiones alguna mujer, eso sí, siempre bien trajeados, de aspecto impecable,
como la mayoría de los transeúntes de la zona.
Le dejan un par de zapatos. El
anciano, una vez se han marchado, cierra las persianas que cubren el escaparate
y la puerta de la tienda y coloca el cartel de cerrado. A nadie le sorprende
encontrar la tienda cerrada, fuera la hora que fuese, seguro que piensan que está
cerrada definitivamente.
Entonces, con la seguridad de
que nadie puede verlo desde el exterior, el señor Robson se dirige de nuevo al
mostrador y pulsa un diminuto interruptor situado debajo del mismo, apenas
imperceptible, con la idea de que nadie pudiera localizarlo salvo él mismo. La
pared del fondo de la pequeña tienda comenzaba a deslizarse, a través de un
complejo mecanismo, dejando a la vista un segundo habitáculo provisto de la más
moderna tecnología: monitores de última generación, las más avanzadas unidades
CPU, escáneres, monitorización de cámaras de seguridad situadas por toda la
manzana, teléfonos vía satélite, etc.
El anciano toma los zapatos
que le han dejado, les quita las tapas de los tacones y extrae un diminuto
microfilm. Algunas cosas nunca cambian, afortunadamente, piensa siempre que
realiza esta operación.
Lo que si había cambiado mucho
desde hacía muchos años era el trabajo que tiene que realizar a continuación,
nada que ver con la época en la que fue reclutado. Introduce el microfilm en
uno de los sofisticados aparatos para poder extraer la información.
Posteriormente utiliza algunos de los poderosos y carísimos programas
informáticos para encriptar y codificar convenientemente la información
obtenida. Si todo marcha bien, como suele ser habitual, después de unas pocas
horas de trabajo toda la información encriptada habrá sido enviada a Moscú.
Finalizada la tarea, el señor
Robson vuelve a la parte delantera del establecimiento que, una vez colocada la
pared correspondiente en su lugar, vuelve a mostrar su imagen habitual. Se sienta
en su vieja silla, detrás del mostrador, y de nuevo se sumerge en las
maravillosas aventuras que le proporcionan sus novelas, a la espera de la
entrada de algún improbable cliente.
Cuando llega la hora del
cierre, cuelga su delantal en el perchero, se pone su abrigo y se cala el
sombrero, apaga las luces de la tienda, se asegura de que esta queda bien
cerrada y se dirige a la estación del metro.
Después de realizar un
transbordo llega a su hogar, en el distrito de Queens. Vive en un apartamento
de clase media con la familia de su hija, compuesta por su yerno y por el hijo
de ambos, Bobby, de diez años de edad.
Le han repetido varias veces que
no tiene necesidad de continuar con la tienda, con los desplazamientos, con las
horas tan tardías de regresar a casa…pero él les pone la excusa de que, si la
cerrara, si se quedara en casa, ésta se le vendría encima, no sabría qué hacer,
se aburriría.
Después de cenar todos juntos,
en familia, y ver un ratito la televisión, es hora de que Bobby se vaya a
dormir. Al día siguiente tendrá que madrugar para ir al colegio.
Su abuelo siempre le acompaña,
a Bobby le gusta que su abuelo le lea antes de quedarse dormido. Casualmente le
gustan las novelas de espías, pero que tengan mucha acción: disparos,
persecuciones, saltos, peleas; en definitiva, como las películas que suele
inventar la industria del cine.
Cuando Bobby se queda dormido
su abuelo le besa en la frente y le susurra: si supieras como es verdaderamente
la vida de los espías…
879 palabras
Tintero de Oro Junio 2023
El extraño caso del doctor Jekyll y el señor Hyde, Robert Louis Stevenson











